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Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

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Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Zarpa Perlada el Miér Feb 24, 2016 7:22 pm

Mis sueños habían quedado frustrados. Jamás podría ser una aprendiza de verdad. Pero...¿Qué más daba? Yo me lo suponía, ¿cómo puede entrenar una cachorra ciega?  Además, mi optimismo nunca terminaba de irse. Yo sabía que el Clan Estelar acababa de ponerme una trava, un  obstáculo. Pero yo podía saltarlo. Solo debía esforzarme. El Clan Estelar así lo querría, ¿o no?

Lo que yo necesitaba, era  demsotrarle al clan lo que podía hacer. Para eso me escaparía del campamento y cazaría algo. Emocionada y con la barbilla en alto, comencé a caminar. No podía ver, pero me había acostumbrado a guiarme con mi olfato, tacto y por os sonidos del ambiente. Plapé el pasto con mis garras y, a tientas,-como toda mi vida.-logré salir del campamento. Victoriosa por mi primer logó, solté un chirrido de triunfo. No pude evitar corretear, por lo que tropecé hacia adelante y di una vuelta entera hasta quedar sentada. Me sacudí y volví a ponerme en pie. A menudo solía pasarme eso.

Seguí correteando alegremente, aunque esta vez cuidando más dónde pisaba. El canto de los pájaros llenaba mis oídos y me hacía sonreir  con alegría. Entonces capté un olor. Era el de una presa, ¡bingo! Justo lo que necesitaba para que el clan viera que yo podía hacerlo.

Ahora que estaba emocionada, corría con más rapidez. Pero no calculé bien y ¡Plaf!Al principio creí que era solamente un simple golpe de los de siempre, pero esta vez seguí rodando. Entonces algo húmedo empezó a mojarme. Era pura agua. Me lastimaba con cada paso que la corriente daba, y para colmo ni mi olfato podía audarme a saber dónde estaba. El miedo me invadió y comencé a chillar con terror. Sacudía las patas frenéticamente, sin lograr hacer nada. Estaba más que perdida.
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Stormheart el Vie Feb 26, 2016 4:05 pm

Uff, les juro que si debo salir una vez más para cazar un gorrión en quién sabe donde para satisfacer el voraz apetito de Manto Gris, yo mismo creceré alas y me iré volando junto a ellos, me uniré a su bandada, me haré su líder y los traeré todos directo al Clan. Si así logro satisfacerla, podría morir feliz. — Maulla un gato negro y grisáceo a sus dos compañeras de patrulla mientras ríe, dejando delante de sus patas el inerte cuerpo de una pequeña ave, correspondiendo las características del mencionado entre sus palabras. Las gatas a su lado le observan divertidas, una de ellas burlándose del macho.

Claro, Corazón de Tormenta. Así podrás escapar de sus infinitas historias y su hermoso humor matutino al cual solito te has aferrado, ¿verdad? — Comenta una felina tanto mayor a los otros dos, de un glamouroso pelaje anaranjado, brillando cual fuego se tratase al ser reflejado por los rayos del Sol.

Mi querida y bella Pelaje de Cerezo, lastimas mi orgullo con esas palabras. ¿Cómo piensas de mí semejante cosa? Ouch, golpe directo en mi corazón. — Reprocha el felino, imitando sentirse herido, tirándose al suelo, apoyando ambas patas sobre sus ojos. La contraria suspira, mas sin borrar la enorme sonrisa dibujada en su rostro.

Por favor, búsquense un árbol apartado para ustedes dos. Deberíamos regresar ya. Por si no lo recuerdan, especialmente tú, gato cizañero. ¡Tal vez no lo sepas, pero tienes responsabilidades a por todos los gatos del acantilado! — Dice la tercera del grupo, una gata mucho más pequeña que los otros dos, de un pelaje melado, con motas negras por doquier y ojos verdes fulminantes, los cuales iban de uno a otro. Parecía enfadada, pero más que enfado, eran celos por la gata mayor, quien parecía acaparar la atención del atractivo felino. Cola en alto, se dispone a seguir camino llevando su musaraña firmemente apresada en las fauces, pero rápidamente el gato oscuro se para con delicadeza delante de ella, apoyando su abultado y suave rabo entre los omóplatos de la misma.

Un segundo, dulce Garra Leopardina. ¿Cuál es la prisa? La cantidad de presas disponibles para el Clan serviría para sustentarnos hasta la época de Hoja Caída. — Ronronea, logrando lo que quería: que la felina dejase de estar tan a la defensiva, y ver esa expresión que pocos gatos logran salga de ella: la atontada y tímida. Solía bastante terca y enojona, pero no había quien Corazón de Tormenta no logre apaciguar.— Pero tienes razón. — Musita, y llena su hocico con su gorrión y la musaraña que había caido al césped— Hashe rato deberíamosh jaber regresado. Me gustaría conservar el pelaje intacto, s-shin que Manto Grish construy-a una guarida con mi pelajje y mis hueshos.— alcanza a decir con algo de dificultad, pues el pelaje de las pequeñas criaturas se imponían entre sus dientes y lengua, incluso provocándole comezón en la naríz.

Mas la alegría de la pequeña patrulla de caza se disipa como el viento para dar lugar a la alarma, contagiada del sonoro alboroto proveniente del acantilado donde el Clan del Cielo tenía su Campamento. Pasando del paso lento y tranquilo a una carrera acalorada, los tres gatos ingresan, Corazón de Hielo chocando contra una gata que se encontraba al borde de la histeria. Se trataba de Leopardo de Hielo. El macho inmediatamente sintió una agonía al verla en ese estado. Ya suficiente había sufrido, aunque no lo dijese, con que uno de sus pequeños retoños, la bella de ojos como el cielo y gris atigrada Pequeña Perlada, careciera de la habilidad de ver el mundo al haber nacido ciega. Intenta hablar con la alterada madre, pero no escuchaba absolutamente nada entre tanto bullicio.

Dejando ir de sus posesiones, ordenando a Garra Leopardina y Pelaje de Cerezo para que se encarguen de ello, el afelpado Lugarteniente invoca sus no tan comunes dotes de orden, soltando un fuerte maullido que dejó boquiabiertos pero silenciosos a todos los gatos alborotados del Clan. Le extrañaba que estuviesen en dicho estado, pero suponía que el líder se encontraba ocupado afuera en alguna patrulla. Trotando hasta un lugar visible, tensa los músculos y se para con rectitud y calma.

¡Clan del Cielo, por favor, jamás podremos resolver éste lío si no nos organizamos un poco! — Esperando hasta que obtuvo satisfactoriamente la atención de cada gato, pequeño y grande, continuó a voz potente y profunda.— ¿Qué ha ocurrido aquí?

¡Por favor, Corazón de Tormenta, debes ayudarme! — Maulla Leopardo de Hielo con angustia. Una segunda nodriza estaba a su lado, al parecer evitando se desplomase allí mismo. — No encuentro por ningún lado a mi Pequeña Perlada. Un momento la tenía entre mis patas, y al siguiente no estaba más. Hemos buscando por todos lados pero el único rastro de ella es fuera del Campamento, pero dudo que esté por allí...Sí así lo es... Sabes de su condición. ¿Qué si algún zorro la atrapó? ¿O un águila ha hecho de ella su cena? ¡Oh, por favor, no mi niña! — Termina en un susurro, con la voz ahogada y visiblemente reteniendo lágrimas.

El Lugarteniente se acerca a la felina, y le ofrece un lametón de consuelo entre las orejas.

No temas. Te prometo que no descansaremos hasta encontrar rastro de ella. La traeremos de regreso sana y salva. — Voltea para ver al resto de los felinos— ¡Ahora, por el Clan Estelar, necesito calma! Quiero tres grupos de gatos, con tres integrantes cada uno. Deben estar en comunicación constante, así que manténganse a distancia de maullidos. Busquen abajo, en el arrollo, cerca de la Cueva del Susurro. Otro grupo se irá por los alrededores del territorio de los Dos Patas. Y por último, yo mismo lideraré la tercer patrulla. Iremos por el río hasta el Árbol Caído. El resto, sigan buscando dentro de la garganta y en cada rincón del Campamento. — Con la vista localiza a dos gatos en particular: el amarronado Siseo de Serpiente y la gris moteada Sol Deslumbrante. Al menos hasta el momento, éstos eran los rastreadores más experimentados de todo el Clan. Con un simple movimiento de su cola, todos los gatos invocados se ponen en movimiento y su patrulla se conforma y retira, saltando de roca en roca hasta el pie de la garganta, y dirigiéndose al río más cercano.

Realmente, no tardan mucho en dar con una brisa que llevaba el aroma de la cachorra perdida. ¿¡Cómo diablos había llegado hasta allí?! Corazón de Tormenta debe admitir que admiraba la fuerza de voluntad de la jovencita. A pesar de su carente visión, siempre encontraba la manera de llegar a lugares inóspitos. Pero, al parecer, ésta vez se había pasado de la raya.

Aunque no importaba. Lo que ahora se listaba de manera urgente, era encontrarla. Ordena a Siseo de Serpiente y Sol Deslumbrante se separen una vez llegando al sector más alto del río naciente, yéndose cada quien, nariz baja, en opuestas direcciones.

El Lugarteniente ya había comenzado a perder los nervios cuando da un algo maravilloso: una bola de pelos atigrada trotando alegremente por el césped. Suelta un suspiro aliviado. ¡Qué contenta se pondría Leopardo de Hielo cuando llegasen con la cachorra sin rasguño alguno.

Lo que ocurre después, termina de congelar la sangre del gato gris y negro. Pequeña Perlada, al no poder distinguir lo que tenía delante, camina directo hasta la orilla de una gran formación rocosa para caer inmediatamente dando tumbos hasta el fondo, y zambulléndose directamente en el torrentoso río. Sin pensarlo, un choque de energía pone en movimiento sus patas y se lanza tras la pequeña al grito de

¡Pequeña Perlada, aguanta!

Demonios. La corriente estaba muy fuerte e incluso fría. A pesar de que el joven macho estaba en forma y bien alimentado, le costaba, y bastante, mover las patas a un ritmo constante. Pero no le importaba. Su visión estaba fija en la pequeña, quién maullaba aterrorizada y balanceandose peligrosamente entre rocas. Corazón de Tormenta sabía que no tenía mucho tiempo. La cachorra podría darse un buen golpe y quedar inconsciente, perdiéndose para siempre bajo la superficie. Pidiendo ayuda a sus ancestros, el Angora nada lo mejor que puede, hasta que finalmente logra acercarse a la atigrada, mordiéndole la nuca por el sector de pelaje suelto.

Nada lo hubiese preparado para lo siguiente. Tan concentrado estaba, que se olvidó por completo de la presencia de un tronco un tanto podrido, milenario, que se encontraba a mitad del río. Estaban ya muy lejos del campamento y a punto de enfrentarse a una superficie sólida y peligrosa. Frenéticamente, nada lo mejor que puede a contra-corriente, sin mucho éxito. Por si fuese poco, casi pierde a Pequeña Perlada cuando se golpea una pata trasera contra una roca filosa que se encontraba bajo de sí. Adolorido, pero determinado, analiza la situación. Esos ojos ambarinos recorren el paisaje que tenía frente.

Entonces se le ocurre algo mejor. Si no puedes luchar en contra, úneteles, ¿cierto?. Y el árbol caído no se levantaría para atacarlos. Era fuerte, y Corazón de Tormenta estaba seguro el objeto inanimado  los engulliría al pasar sobre él. Rezándole al Clan Estelar, sosteniendo a la cachorra con firmeza, se coloca de costado, alza ambas patas delanteras y...

¡SI! Con fuertes garras, el gato logra aferrarse al tronco, impulsandolo tanto a él como a su compañera fuera del agua.


...


No sabía cuánto tiempo había pasado, pero el sol ya estaba bajando perezosamente, dándole una tonalidad anaranjada y cálida al ambiente. El agotado felino y la aún más cachorra se encontraban a un lado del río -mas lejos de la orilla-, sobre un césped deliciosamente cálido y una brisa de igual temperatura. Los únicos que tiritaban, eran los felinos completamente empapados.

Pero el frío no le interesaba en lo absoluto a Corazón de Tormenta. Su prioridad era calentar a Pequeña Perlada, arrullándola en los sectores menos húmedos de su propio pelaje, compartiendo el calor corporal, al mismo tiempo que la lamía de pies a cabeza, mientras murmuraba con dulzura y suma preocupación.

Pequeña Perlada...cachorrita...ya estamos bien. Te he salvado de ese río malo y le he dado su merecido. Ha dicho que no volverá a molestarte. Pero necesito que reacciones por favor...¿Pequeña Perlada?
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Zarpa Perlada el Sáb Feb 27, 2016 8:16 pm

Patalee, aún a sabiendas de que con mis pequeñas e inútiles patitas no haría nada. Respirando agitada, resollé unos segundos. El agua cada vez me alejaba más y más. Mis gritos ahogados parecían no oirse a la distancia, o tal vez fue mi imaginación, que hacía que me pareciera que hacía una eternidad estaba allí.

Tal vez, lo correcto era que muriera ahogada en ese...¿Qué era? No lo sabía, dado que...¡Oh, sorpresa, estaba ciega! Tal vez ese debía ser el destino. Pero ¡era muy pequeña! Yo quería vivir aventuras, jugar más con mis hermanos, probar la presa más grande del montón. No podía rendirme.

Esos pensamientos me obligaban a seguir pataleando con todas mis fuerzas, aunque en  el fondo sabía que de mucho no serviría aquella acción. Pero entonces, ¡surgió la esperanza! Sentí como algo me tomaba por el pescuezo, cargándome. Intentava, con todas mis fuerzas, alzar la cabeza lo suficiente como para no ahogarme, dado que la corriente  por momentos me tapaba.

Momentos más tarde, cuando ya el gato estaba por salir, no pude seguir más. Sentí cómo mis ojos se cerraban y mi cuerpo dejó de tensarse, quedando flojo entre las fauces del anónimo gato que acababa de rescatarme.

...

Sentí que una áspera lengua me lamía con cuidado, dándome calor. Empecé a respirar con mejor normalidad. Oí lo que el gato decía, sonriendo...¿Ya no me molestaría? Que bien...pues otro de esos golpes mi desvalido cuerpo no lo aceptaría.
 Tosí, expulsando una gran cantidad de agua, para luego estornudar dos veces seguidas. Sorbí por la nariz. Absorbí el fresco aroma de el lguarteniente de mi clan. Que suerte que estuviera allí...

-Estoy bien, gracias.-
Dije en un chirrido, intentando incorporarme.

Me senté y temblé levemente. Aún sentía el cuerpo muy frío. El agua de ese río estaba congelada. Me sacudí, como lo había siempre que me manchaba con alguna sustancia con mis hermanitos.



-Yo solo quería cazar una presa para el clan...-Dije, amasando la tierra con mis pequeñas patitas.-Pero el río se interpuso en mi camino. Pero es que ella siempre dice que a pesar de no poder ver, puedo hacer otras cosas y puedo guiarme por mis otros sentidos...y yo le creo. Además,  ella siempre tiene razón.



Empecé a hablar sobre la gata que se aparecía todas las noches en mi sueño. En ese entonces, ni yo ni nadie lo sabía, pero era una gata del Clan Estelar que siempre bajaba a hablar conmigo.
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Stormheart el Sáb Mar 12, 2016 12:29 am

Stormheart no puede expresar su alivio cuando ve reaccionar a la pequeña cachorra. No era Curandero ni tampoco tenía conocimientos respecto a los primeros auxilios más que los que estaba aplicando. Pasado el tiempo, había empezado a temer que la jovencita se hubiese unido a los Ancestros, mas su plegaria fue respondida cuando entre lamidas, Pequeña Perlada tiembla, tose y escupe el agua acumulada en sus pulmones.


"Gracias, Clan Estelar...No permitan que le pase nada malo" suelta el macho, agradecido, mirando de soslayo hacia el Manto Plateado.

Las lamidas se hacen un poco más apresuradas, no por temor a que se le escapara la vida en su presencia, si no para que recuperase su normal temperatura corporal. Ya había empezado a hablar, asegurándole que estaba bien, pero realmente eso lo decidiría él cuando dejase de temblar a su lado por el frío. Que estuviese cayendo la noche no ayudaba, y sabía que tarde o temprano, y le gustase o no, debería cargar con ella y buscar refugio en algún lugar, creando una guarida temporal para ambos. Agradecía que su compañera fuese lo suficientemente grande como para probar alimento sólido...Y allí se da cuenta de otro problema: su pata trasera lastimada. Ahora que el entumecimiento estaba pasando y la sangre recorriendo nuevamente cada célula de su cuerpo, el Angora debe presionar con más fuerza los dientes en cada movimiento realizado. Pero ese pensamiento se va al fondo de su cerebro, pues debía concentrarse en los problemas que requerían su atención inmediata. Invocando lo mejor de su ser, procura observar de pies a cabeza a Pequeña Perlada, olfateando cada rincón del mismo sin pedir permiso.

No sabes el susto que nos has dado a todos, pequeña traviesa. Las aventuras están bien y todo, pero siempre debes avisarle a cualquier gato al respecto. La próxima vez, avísame y nos iremos ambos a perseguir el arco iris. Tu madre...— Maulla y hace una pausa, intentando poner la mejor sonrisa que encuentra, agradeciendo haber sonado sincero y para no asustarla más de lo que ya seguramente estaba— ella estaba echa una bola de histeria, armando un revuelo en todo el Clan. Tenía a cada gato, grande y pequeño, buscándote en todos los rincones habidos y por haber.

Escuchó atentamente la respuesta de Pequeña Perlada, deteniendo su propio sermón a la mitad. El relato de la atigrada tomó un giro inesperado, y Corazón de Tormenta se acomoda a su alrededor, reconfortándola e incitándola a que continuara.

¿Una gata misteriosa, bajando en los sueños de la pequeña para platicarle? En un principio al Lugarteniente le costó creer aquello, pero a medida que avanzaba la historia, todo comenzaba a cobrar sentido. Al final de cuentas, no le extrañaba que el Clan Estelar se compadeciera de la...situación especial de Pequeña Perlada, y se interesase en ayudarla lo mejor que pudiesen.

Pues...Déjame decirte algo. La gata que te visita, tiene razón. — Vuelve a hablar, una vez pareciera que la jovencita se toma un momento para descansar la voz. La mira a los ojos, guiándola con una pata para que su pequeña y atigrada cabeza quede en dirección a los suyos propios — Te voy a ser honesto. No me puedo imaginar lo que debe ser que todo el mundo te trate de manera diferente. Tu espíritu es fuerte, basta estar contigo un solo segundo para entender eso. Pero justamente por ello debes cuidarte, todos pertenecemos al Clan, y todos cumplimos una tarea en él, no importa lo pequeña que sea. Tú, así como yo, así como Alma de Llamarada, como tu madre, o cualquier gato, formamos parte de una familia. Eres joven, Pequeña Perlada, y con el tiempo, encontrarás tu motivación, y la manera de cumplir todas tus metas.—Le ofrece un dulce lametón entre las orejas, seguido de un sonoro ronroneo— Y no te olvides del tío Corazón de Tormenta. Puedes contar conmigo para lo que sea. Mi vida, daré por la tuya. Si me necesitas, ahí estaré. Sólo si así lo deseas, por supuesto. Tú eres dueña de tu propio destino.


Suelta un suspiro y recupera el aliento. Alza la cabeza, y observa alrededor. El río aún estaba demasiado cerca para gusto del gato adulto, además que ya los guerreros del Manto Plateado brillaban con todo su esplendor. Ni hablar de la brisa gélida comenzó a revolotear perezosa y peligrosamente.

Pero por ahora, déjale a Tormentita buscar refugio y algo de comer para los dos. Es muy tarde ya como para emprender el regreso a casa. — Se incorpora, y suelta un pequeño gruñido al apoyar peso sobre su pata lastimada. Intenta pasarlo por alto, simulando olisquear el aire. — Ufff...Lo que daría por un delicioso y jugoso Petirrojo en éste momento...—Maulla para sí mismo más que para la joven grisácea— ¿Puedes caminar, mi niña? — Inquiere, preparándose ya mentalmente como para cargarla nuevamente, por si las dudas.
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Zarpa Perlada el Sáb Mar 12, 2016 1:18 pm

Contenta, oí las palabras del lugarteniente. Entonces, ¿él si creía en la existencia de ella? Di un brinco de alegría. Ella jamás me había dicho su nombre, ni nada de su vida, pero yo la conocía mucho de todas formas.
Me refregué contra su pelaje. Tras sus cálidos lametones, había dejado de temblar y mi pelaje ya solo estaba un poco húmedo. El canto de los grilos y una brisa fresca con olor a rocío me advirtieron de que ya era de noche.

Volví a oir a Corazón de Tormenta hablar y, como única respuesta, asentí. Pero entonces escuché su quejido al pararse. No me había faltado la ocación para oler sangre. No empecé a caminar ni mucho menos, sino que me incliné hacia donde provenía el olor a la sangre.

-Espera un segundo, tío Tormentita, voy a traer algo que te calmará.
-Maullé, con energía renobada.

Recordé lo que había visto hacer a la curandera con las telarañas. También me acordé de luego haberle preguntado a la gata de mis sueños para qué se les aplicaba a los gatos. Ella me había contado que era para frenar el sangrado.
Corrí en dirección contraria al río, hacia unos árboles que a su lado tenían algunas rocas. Olfatee. Con mis patitas fui tanteando entre árboles y rocas hasta recolectar unas cuentas telarañas. Las levanté con mi pata delantera derecha y, con mis otras tres, corretee hacia Corazón de Tormenta.

Me acerqué a su pata de nuevo, guiada por mi olfato, y comencé a precionar las telarañas contra esta misma. Cuando terminé, la seguí tanteando con mis patitas. Agité los bigotes contenta, ya casi no sangraba.

-¿Mejor? ¡Ahora vamos a buscar refugio, que yo también quiero un apetitoso petirrojo!-Exclamé con euforia, y comencé a caminar, dispuesta a que me siguiera.
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

Mensaje por Stormheart el Sáb Mar 19, 2016 11:51 am

Off-rol:
Lamento la tardanza en responder, realmente no anduve inspirada hasta hoy para escribir. http://r35.imgfast.n

El gato gris oscuro y afelpado no puede evitar sostener una sonrisa de oreja a oreja y una mirada absolutamente asombrada. Sus orbes ambarinos danzaban junto a los movimientos realizados por Pequeña Perlada. Por un momento, le costó enormemente imaginar que aquella bola de pelos grisácea hasta hace solo unos pocos segundos estaba rogando por su vida con toda la fuerza de sus diminutos pulmones.

Pero lo que más llamó su atención, fue el hecho de su conocimiento respecto a heridas. ¿Cómo demonios lo sabía? Tal vez necesitara prestar más atención hacia dónde se escapa la traviesa...

Mas la respuesta llega como un relámpago luminoso el cual enciende en llamas al árbol que se encontraba en su camino. ¡Por supuesto! La gata con la que Pequeña Perlada decía estar acostumbrada platicar en los sueños, seguramente algo tenía que ver. Seguramente no cualquier gato, especialmente los que pasan más tiempo vigilados por condiciones fuera de su control, aprendería cómo proceder solo...como lo haría un experimentado Curandero.

Corazón de Tormenta no puede evitar fruncir el entrecejo mientras, a pesar que le dolía endemoniadamente su lastimada extremidad, dejaba a la cachorra tratar ir en una nueva aventura para tratar su herida. Suelta un "Pfft" poco sonoro cuando escucha el sobrenombre que él mismo había utilizado. Ciertamente, observando pensativo, con mirada dulce el pequeño y danzante rabo que desaparecía entre la maleza, guiándose únicamente con sus orejas para localizarla, agradecía a la gata misteriosa por ser tan oportuna. Y no sólo eso. Por darle un buen motivo a Perlada para  seguir adelante. No faltaban las veces en las que, mientras disfrutaba de alguna presa bajo alguna sombra, divisaba a la atigrada deambular sin rumbo alguno en el Campamento. Desde que nació, siempre había querido sentirse útil, ayudarla a salir de ese limbo existencial en que se encontraba.

Mas verla tan entusiasmada, recolectando hierbas en territorio desconocido para ella a paso seguro y firme, le confirmaba cada vez más que  seguramente el Curandero de turno del Clan del Cielo debería ser informado respecto a una posible candidata para el puesto de Aprendiza para él. Todos los gatos, e imaginaba que más la familia directa de Pequeña Perlada, se regocijarían ante las novedades. Pero decide que no haría nada que la gata no quisiera.

Cuando regresa con sus provisiones, dejándola trabajar tranquila, sintiendo casi inmediatamente el alivio llegar a su pata lastimada, maulla dubitativo y expresión calma.

Te agradezco mucho, mi niña. De verdad se siente mucho mejor. Pero —y es entonces cuando clava su mirada ambarina en los deliciosos celestes, mas sin vida, de Pequeña Perlada— Me gustaría preguntarte algo mientras caminamos, y no quiero una respuesta inmediata...Sólo para cuando vuelva con algo de comida.

Para entonces ya se había incorporado y marchaba río arriba, adentrandose un poco entre los arbustos, evitando por cientos de cuerpos de zorro el lugar de procedencia del revoltoso torrente. Se detiene sólo un segundo para olisquear el aire y sentir la temperatura con sus bigotes y cada vello de su denso pelaje.

Únicamente cuando tiene un objetivo, dirigiéndose hacia el a un ritmo que no agotase a Perlada, decide que es el momento.

Dime...¿Te gustaría que cuando me reporte con Alma de Llamarada, le comente que encontré a la mejor candidata para Aprendiz de Curandero que el Clan del Cielo podría desear? — Maulla a voz potente y segura, como si él mismo ya la estuviese nombrando.— Por lo visto has sido bien instruida en el arte, y sería de tontos si dejáramos pasar por alto tus habilidades. Pero shush —Ahora la observa, y apoya su frondosa cola sobre los pequeños omóplatos de su compañera— piénsalo. Dejame guiarte en éste sector. Es algo complicado el terreno y me niego a que te pase algo. Confía en mi.


A todo alrededor, no se veía más que hileras interminables de árboles, con algún que otro rayo lunar asomándose entre las danzarinas hojas de tal manera que las sombras parecían bailar al compás del suelo. Soltando un suspiro, Corazón de Tormenta se da cuenta que aún estaban lejos de casa, pero bien recordaba que aquí era lo más seguro que podía pedirse, y el correteo de pequeñas patas que le llegaban a sus canales auditivos le indicaba que sería fácil conseguir alimento sin tener que esforzar demasiado su extremidad herida.

Pero entonces lo divisa. Contento, suelta un ronroneo de satisfacción cuando la estructura que estaba buscando se forma delante de ellos: un tronco hueco, lo suficientemente grande en su interior para que ambos se acomoden satisfactoriamente en su interior, perfectamente cubierto del frío de la noche y de cualquier peligro lo suficientemente tonto como para acercarse a un gato que juró proteger a sus semejantes aunque se le vaya la vida en ello.

Hemos llegado, Pequeña Perlada. No será lo mismo que nuestros nidos del Campamento, pero al menos estaremos a salvo. — Con suavidad, la empuja con su hocico dulcemente, dejándole para que sola ingrese una vez estaba frente a la ovalada e irregular entrada. — Quédate aquí y no te muevas más que para acomodarte. Si llego a encontrar afuera, tendré que hacerte cosquillas hasta que pidas piedad por tu vida. — Maulla medio en broma-medio en serio.— Creeme que es una tortura. — Carraspea, aclarándose la garganta— Bien, hora de buscar ese petirrojo, pero a éstas horas, lo más probable es que me encuentre con un roedor. Espero sean de tu agrado, bola de pelos.

Soltando una risita, voltea alegremente y, adoptando una posición de acecho, liberando y poniendo en alerta todos y cada uno de sus sentidos, se adentra en el bosque. Era éstos momentos en lo que agradecía por su oscuro pelaje, la ligereza de sus pasos gracias a sus patas largas y el entrenamiento brindado por su adorado mentora, Pluma de Halcón, quien había sido siempre uno de los mejores cazadores del Clan. El semblante del gato peludo marca notoriamente una mueca de dolor al pensar en su modelo a seguir dentro del grupo de gatos quien, en su principio, había sido tan dubitativo en aceptarlo. Lo trató justamente, respetuoso y firme, con la pizca de cariño que necesitaba. Varias veces extrañaba saltarle alrededor para sacar lo peor  del felino rayado plateado, el único que se había vuelto casi inmune a su hiperactividad. Siempre lo había considerado como su verdadero padre, y Pluma de Halcón lo sabía.

Tan ensimismado estaba Corazón de Tormenta, que no recibe la información que sus bigotes le habían estado enviado desde hace lunas.

Pisa la rama, la musaraña lo escucha, chilla y sale corriendo, la urraca da la señal, y prácticamente el suelo cobra vida con todas las pequeñas criaturas escapando desesperadas del atontado depredador, quien sacudiendo la cabeza, un tanto desesperado, sale disparado tras el roedor. Afortunadamente, el terreno -fuera de la odiosa vara ruidosa- estaba a su favor, y el animal fue lo suficientemente tonto como para alargar la carrera. De un poderoso y certero zarpaso la golpea, dejándola quieta como para terminar el trabajo al propinarle un mordisco en su cuello, terminando rápidamente con su sufrimiento. A medias satisfecho consigo mismo, sólo detestando su torpeza, emprende el regreso a la improvisada guarida en la que había dejado a la cachorra.

No tarda en llegar, metiéndose atravesando la entrada con cierta rapidez. No por miedo, si no por cansancio y renovado dolor. El traqueteo de ida y vuelta lo había agotado. Mas no lo admitiría, por lo que cuando habla, lo hace con el mejor tono que encuentra, además de intentando controlar los latidos de su alborotado corazón, provocado por el paso que llevó por unos cuantos minutos.

¡La cena está servida! Espero que mi pequeña esté hambrienta, porque si no esta musaraña se sentirá mal al ser ignorada. Recuérdame cuando regresemos que te debo un paseo para buscar ese petirrojo del que tanto hablamos.— Maulla, dejando al inerte cuerpo del animal delante de su compañera. Arqueando su columna, desperezándose sonoramente, da paso a acurrucarse alrededor de Pequeña Perlada, brindándole el calor que emanaba de su cuerpo. Tornándose un poco más serio, continúa.— Come mientras, pero dime...¿Has pensado en lo que te dije?

No podía admitirlo, pero realmente estuvo ansioso durante todo el camino de regreso, llenando su mente de incógnitas, negativas en su mayoría, temerosas en otro porcentaje, pero esperanzado de todas formas.
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Re: Caída libre/ Priv. Pequeña Perlada y Stormheart

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